
Cortijo La Cañada del Sacristán
Y así, desde mis excursiones en bicicleta al río Bidasoa a pescar la trucha posando cucharillas en lugares imposibles o bailando la mosca en la linea a ras del agua, las inmersiones en apnea en busca de peces y marisco fresco en las costas del Jaizquibel, la recogida de percebes junto a la mar enfurecida o bien las cestas de hongos en la Sierra de Urbasa, aquellos madrugones para navegar en busca de los bravos túnidos del Cantábrico así como de los iridiscentes y multicolores chipirones, y los momentos familiares en que mi padre guisaba los platos de caza que traía después de pasar juntos el día en el campo; son algunos de esos recuerdos previos a un festín, que atesoro.